Neurocomic: la caverna de los recuerdos

Neurocomic es una historieta escrita por los neurocientíficos Hana Roš y Matteo Farinella con el propósito de explicar al público no especializado, de forma accesible, los principios básicos del funcionamiento del cerebro. La valoración del éxito o fracaso de este intento depende mucho de cómo se mire la obra. Como aficionado y estudioso de las…

Neurocomic es una historieta escrita por los neurocientíficos Hana Roš y Matteo Farinella con el propósito de explicar al público no especializado, de forma accesible, los principios básicos del funcionamiento del cerebro. La valoración del éxito o fracaso de este intento depende mucho de cómo se mire la obra. Como aficionado y estudioso de las historietas y de su lenguaje, debo confesar que el resultado final me dejó muy insatisfecho. ¿Por qué? Es sencillo. Cuando se intenta utilizar un medio con fines didácticos, existe el riesgo de caer en un didactismo excesivo —centrado en el contenido como si se tratara de una clase— hasta producir un resultado muy alejado de la técnica, el lenguaje y el formato que se espera de ese medio.

Para comparar, pensemos en un aficionado a las telenovelas brasileñas que sigue las aventuras de un personaje, por ejemplo Josefina, una manicura acosada por su vecino y enamorada de Felinto, el cartero. Si Josefina pasara diez minutos de un episodio hablando directamente a cámara sobre las malas condiciones del transporte en la periferia, porque ese asunto resulta importante para quien escribe la telenovela, ¿funcionaría el episodio? Evidentemente no: quienes siguen la novela quieren ver cómo se desarrolla la historia de Josefina —la narración— y no se han sentado a recibir una clase sobre cuestiones sociopolíticas relacionadas con el transporte urbano. Nada impide que temas importantes de las más diversas naturalezas aparezcan en los distintos medios; pero hay que respetar el lenguaje y las técnicas de composición del medio elegido si realmente se pretende llegar al público.

Ese es precisamente el problema de Neurocomic. La historieta no se presenta como un manual ilustrado, sino como una narración en viñetas relacionada con las neurociencias. Y en ese caso el horizonte de expectativas es muy diferente. Si fuera la primera propuesta, el lector sabría que iba a recibir una «clase» utilizando recursos propios de la historieta, y en ese sentido el resultado habría tenido éxito. Pero se presenta según la segunda propuesta, y un lector de cómics seguramente no espera encontrarse con una «clase» disfrazada de viñetas secuenciales. La idea del cómic es buena, pero cae en un pedagogismo excesivo que empobrece la experiencia del propio lenguaje de la historieta.

Volviendo a la cuestión del primer párrafo: sí, el texto sirve para transmitir algunos principios de neurociencias muuuuuy elementales y muuuuuy superficiales a los lectores no especializados. Pero construye una historia que, en mi caso, solo terminé por la obstinación de un lector de cómics que conservó la esperanza —vana— de que el texto mejorase como historieta. Y no ocurrió. Al final, me pareció más útil de forma puntual: algunas páginas aisladas funcionan para la divulgación científica, pero más como un cartón humorístico o cartoon que como una historieta. ¿Cuál es la diferencia? La secuencialidad. En general, un cartón está compuesto por una sola imagen o por una sucesión de transición muy inmediata y rápida entre dos o tres imágenes. En cambio, la composición secuencial de una historieta supone un número mayor de viñetas sucesivas que desarrollan un argumento; esta es una explicación brevísima para quienes no conocen el medio. Por tanto, la propuesta de Neurocomic de unir la enseñanza de las neurociencias con la historieta funciona en páginas o viñetas aisladas —siguiendo la lógica del cartón—, pero no como narración secuencial.

El dibujo es interesante y lo considero bueno, aunque poco cautivador. No llega a ofrecer una experiencia capaz de hacer sentir a un lector de cómics que se encuentra ante algo nuevo y sugerente desde el punto de vista estético. Como material ilustrativo para una clase puede funcionar, siempre que el profesor aclare que se trata de esquemas muy simplificados que no representan fielmente las células, los tejidos, etcétera.

La encuadernación está bien realizada, con tapa dura y detalles en relieve que hacen del volumen un objeto agradable de sostener y hojear. Debo confesar que, para mí, el acabado fue el punto más destacado del libro, lo que tampoco sorprende demasiado: Darkside publica ediciones con acabados pensados para coleccionistas y añade mucho valor al objeto-libro, a veces incluso más que el propio contenido.


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