Las consultas por videollamada y las aplicaciones de salud vienen transformando nuestras experiencias de cuidado. Sin embargo, ¿qué tipo de encuentro tiene lugar en el momento en que profesionales y pacientes pasan a compartir un espacio construido por interfaces de vídeo digitales?
Es posible observar, cada vez con mayor frecuencia, que nuestras experiencias de cuidado en salud están mediadas por el uso de pantallas. Las consultas realizadas por videollamada, las aplicaciones de monitorización y las plataformas de seguimiento clínico forman parte de una realidad que viene modificando nuestra relación con los servicios de salud, ampliando las posibilidades de acceso e introduciendo nuevas formas de interacción entre profesionales y pacientes.
Al pensar en estas transformaciones, sin embargo, surgen cuestiones que van más allá del funcionamiento de los dispositivos. Cuando buscamos atención, llevamos con nosotros una historia, expectativas, temores e interpretaciones sobre lo que estamos viviendo, además de un cuadro clínico que podría encajar de forma estandarizada en una categoría. Los síntomas que relatamos forman parte de esa experiencia, aunque los sentidos que atribuimos a la enfermedad suelen involucrar aspectos de nuestra vida que difícilmente se comprenderían únicamente mediante indicadores clínicos.
Podemos imaginar, por ejemplo, a una persona que busca atención porque siente dolores recurrentes. Al completar un formulario digital, encuentra campos destinados a la localización, la intensidad y la frecuencia de los síntomas. Esta información es necesaria para la evaluación clínica, aunque quizá su mayor preocupación esté relacionada con el miedo a desarrollar determinada enfermedad, el recuerdo de una experiencia familiar o las dificultades que el dolor viene provocando en sus relaciones cotidianas. Sin embargo, las características de su experiencia no siempre encontrarán correspondencia en las opciones disponibles en el sistema.
Lo que está en juego en estas situaciones es que cada enfermedad, cada trauma, trae consigo una vivencia, una experiencia única que lo modula y lo modela. Esto me llevó a interrogarme sobre la naturaleza de los espacios digitales que estamos construyendo para el cuidado.
El antropólogo francés Marc Augé desarrolló el concepto de no lugar para comprender determinados espacios contemporáneos, caracterizados por relaciones predominantemente funcionales, formas de circulación y situaciones de anonimato. Entre los ejemplos de estos no lugares se encuentran los aeropuertos, los supermercados, etc. Es decir, entornos de tránsito en los que podemos observar cómo ciertas experiencias se organizan en torno a procedimientos, identificaciones y reglas generales de utilización.
Al acercar esta reflexión a las tecnologías de salud, resulta posible examinar las condiciones en las que una plataforma digital podría favorecer experiencias de reconocimiento, acogida y construcción de vínculos, así como aquellas en las que la relación entre los sujetos tendería a organizarse prioritariamente según las exigencias operativas del sistema, configurándose en este caso como no lugares.
Una consulta mediada por una pantalla puede constituir un espacio de escucha y cercanía (lugar), dependiendo de las condiciones en las que se desarrolla. Del mismo modo, una plataforma dotada de recursos tecnológicos sofisticados puede producir experiencias impersonales cuando las necesidades de comunicación de los sujetos encuentran poco espacio para manifestarse (no lugar).
La distinción entre lugar y no lugar permite, así, comprender que la calidad de las relaciones establecidas en estos entornos depende de distintos factores, que involucran la organización de las tecnologías, las prácticas profesionales y las experiencias de los propios usuarios.
Esta discusión forma parte de mi ensayo Telessaúde e aplicativos de saúde como lugares e não-lugares digitais: educação em saúde e o desafio da escuta mediada, publicado en octubre de 2026 en la revista RECIIS, de Fiocruz. En él, propongo pensar los entornos digitales de salud como espacios culturales cuyos sentidos se constituyen en las relaciones que establecemos a través de ellos.
Quizá la cuestión que debamos considerar sea cómo están actuando estas tecnologías en la construcción de nuestras experiencias de cuidado y en qué condiciones conseguimos transformarlas en entornos en los que pueda reconocerse la presencia del otro.
Al fin y al cabo, cuando pensamos en los espacios destinados a la salud, también estamos pensando en las condiciones en las que las personas podrán compartir sus experiencias, expresar sus sufrimientos y encontrar reconocimiento.
Sobre esta publicación
Este es el primer texto de una serie de divulgación científica desarrollada a partir de mi ensayo publicado el 9 de octubre de 2026 en la revista RECIIS, de Fiocruz.
Referencia científica
ARANHA, Glaucio. Telessaúde e aplicativos de saúde como lugares e não-lugares digitais: educação em saúde e o desafio da escuta mediada. RECIIS, Rio de Janeiro, v. 20, e5128, 2026.
DOI: https://doi.org/10.29397/reciis.v20.5128
Lea el artículo científico completo: https://www.reciis.icict.fiocruz.br/index.php/reciis/article/view/5128
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