Glaucio Aranha *
Hace algún tiempo escuché cierto revuelo acerca de la publicación del libro «O pobre de direita: a vingança dos bastardos», de Jessé Souza. Mi curiosidad me llevó a una agradable lectura de la obra. El texto retoma una de las cuestiones más incómodas de la vida política brasileña reciente: ¿por qué sectores empobrecidos de la población, sometidos a formas persistentes de precarización, humillación social e inseguridad material, se adhieren a proyectos políticos que, al menos en el plano económico, tenderían a profundizar su propia vulnerabilidad? La pregunta, aunque muchas veces formulada en tono de asombro moral o superioridad intelectual, recibió en el libro un tratamiento sociológico que abordó el problema de la supuesta «ignorancia popular» como una gramática afectiva y moral de la dominación, construida a partir del imaginario de los resentidos. La obra fue publicada por la editorial Civilização Brasileira en 2024, tiene 224 páginas y se inscribe en la continuidad de los trabajos anteriores del autor sobre clase, esclavitud, resentimiento, élites y reproducción simbólica de la desigualdad en Brasil.
El punto de partida de Jessé Souza me parece residir en el rechazo de una explicación meramente informativa de la adhesión popular a la extrema derecha. El signo «pobre de derechas», tal como aparece en la obra, excede la imagen de alguien engañado por fake news, aunque la desinformación desempeñe un papel evidente en los procesos políticos contemporáneos. Se trata, ante todo, de un sujeto social atravesado por heridas de reconocimiento, por experiencias acumuladas de descalificación, por resentimientos que encuentran en el lenguaje conservador una forma de nombrarse, aunque esta denominación se desvíe políticamente. En una entrevista sobre el libro (1), el propio autor asocia esta adhesión con la explotación de vulnerabilidades sociales, sobre todo cuando la ira producida por la precarización no encuentra una lectura estructural capaz de identificar sus mecanismos de producción.
Un aspecto que me llamó la atención en la obra está precisamente en el modo en que Jessé intenta comprender la forma que adopta la política contemporánea para actuar sobre la organización afectiva de identidades heridas. La extrema derecha, en este sentido, no necesitaría convencer al pobre de que el mercado financiero lo salvará; bastaría con ofrecerle una narrativa en la que su dolor encuentre culpables visibles, cercanos y moralmente condenables. El enemigo, que habitaría la estructura abstracta de la explotación, pasa entonces a ocupar en el imaginario de esta comunidad figuras «culpables», como el vecino, el beneficiario de políticas públicas, la mujer emancipada, la persona negra en ascenso social, el joven universitario que accede mediante cuotas, el profesor, el artista, el intelectual, el militante, en definitiva, un «sistema» imaginado como conspiración cultural. Es en este espacio semiótico donde el resentimiento adquiere energía política, dejando de ser un mero afecto privado.
La expresión «venganza de los bastardos», subtítulo de la obra, aporta una dimensión interesante, en el sentido mismo de generar interés, porque indica una forma de subjetivación marcada por la exclusión simbólica. El bastardo sería aquel que pertenece a la sociedad por la vía de la subordinación, siendo convocado a producir, consumir, obedecer y votar, aunque rara vez se le reconozca como sujeto pleno de dignidad. Su venganza, sin embargo, no se dirige necesariamente contra quienes organizan la estructura de desigualdad a la que está sometido. Por el contrario, es capturada por líderes autoritarios, iglesias, medios, influenciadores y redes de sociabilidad que traducen el sufrimiento social de estos «bastardos» en moralismo punitivo. En este sentido, el libro sugiere que el conservadurismo popular brasileño puede comprenderse como efecto de una pedagogía política del resentimiento, en la que el dolor social se alfabetiza mediante el lenguaje del castigo.
En este argumento existe un posible acercamiento a Axel Honneth (2003), aunque Jessé Souza mantenga su propia matriz interpretativa. La idea es que la humillación, al no encontrar mediaciones institucionales capaces de producir reconocimiento, puede reorganizarse como hostilidad hacia grupos percibidos como «indebidamente favorecidos». Desde esta perspectiva, el resentido reivindica, junto con bienes materiales o beneficios, una recomposición imaginaria de las jerarquías. En este punto, el análisis de Jessé Souza resulta particularmente fecundo para pensar el Brasil posterior a 2016, cuando la erosión de las políticas redistributivas, la crisis económica, la deslegitimación de la política institucional y la espectacularización judicial y mediática de la moralidad pública crearon un entorno propicio para que la frustración popular se recodificara como antipetismo, rechazo de la izquierda, anticientificismo y antiintelectualismo.
Sin embargo, cabe destacar que la hipótesis del libro también suscita algunas tensiones, pues, al enfatizar el resentimiento como clave explicativa, corre el riesgo de reducir la pluralidad de adhesiones conservadoras a una estructura afectiva relativamente homogénea. Así, la categoría «pobre de derechas» funciona perfectamente como una fuerza provocadora, aunque puede reunir trayectorias muy distintas: trabajadores precarizados, pequeños emprendedores endeudados, evangélicos de las periferias, habitantes de zonas rurales, policías, conductores de aplicaciones, amas de casa, jóvenes hiperconectados, sujetos racializados y segmentos que transitan entre la informalidad económica y las aspiraciones de distinción social. Como ya destacó Iago Bezerra Ulisses (2025) en su reseña académica, la obra busca caracterizar a este sujeto a partir de la pregunta acerca de aquello que lo constituye, destacando su adhesión electoral a la extrema derecha en contextos como el bolsonarismo.
La crítica más productiva consistiría, por tanto, en refinar la categoría, evitando negarla de antemano. El «pobre de derechas», a mi juicio, sería menos una identidad sociológica fija que una posición subjetiva producida por determinadas condiciones históricas y culturales. Esta posición emergería cuando la precariedad material se encuentra con el deseo de distinción moral, cuando la experiencia de abandono acaba reinterpretándose como amenaza de pérdida de estatus, o incluso cuando la fe religiosa se articula con una gramática de guerra cultural. Todas estas condiciones caben bajo el paraguas de la promesa neoliberal del emprendimiento, que se presenta como compensación simbólica de la ausencia de ciudadanía sustantiva. Así, el libro ayuda a comprender que el discurso de la extrema derecha se dirige a la autoestima herida, la vergüenza social, el miedo al descenso y la necesidad de pertenecer a una comunidad moral imaginada como pura, ordenada y perseguida, sobrepasando el plano del bolsillo.
Otro punto relevante es la centralidad que Jessé Souza confiere a la dimensión racial. A partir de entrevistas realizadas por el autor, el racismo aparece como fundamento profundo del giro moralista que alimenta a la extrema derecha brasileña, más allá de las explicaciones centradas únicamente en la economía o las costumbres. Se trata de una tesis alineada con la trayectoria intelectual del propio autor, que desde hace años investiga la esclavitud como matriz formadora de la desigualdad brasileña. La contribución del libro consiste en mostrar que el racismo va más allá del prejuicio explícito, actuando como economía moral de la distinción, definiendo quién merece ascender, quién debe obedecer, quién puede hablar, quién debe ser silenciado y quién será percibido como amenaza cuando ocupa espacios antes reservados a las élites y a las clases medias blancas.
Una dimensión más incómoda del argumento, en este sentido, consiste en sugerir que parte de la adhesión popular a la derecha nace de la identificación aspiracional con los valores de los dominantes. Así, el «pobre de derechas», aun sin pertenecer a la élite, se siente parte de ella por el deseo de pertenecer a su mundo; por esta razón, interioriza la moralidad de la élite, su aversión al conflicto distributivo, su visión punitiva de la pobreza y su creencia de que el fracaso social es un fallo individual. Esta interiorización, sin embargo, no ocurre en abstracto, pues se enseña cotidianamente mediante los medios, el mercado, ciertas formas de religiosidad, la cultura del mérito y una escuela que muchas veces fracasa en ofrecer instrumentos críticos para interpretar la estructura social.
La obra de Jessé Souza interesa, por tanto, también al campo de la educación, la comunicación y los estudios de la cultura. Lo que está en juego es la disputa por la interpretación de la experiencia. Quien da nombre al dolor social gobierna políticamente ese dolor. Si la precarización se nombra como culpa del «comunismo», la «corrupción», la «ideología de género», los «privilegios» o los «derechos humanos», la energía política de la indignación se dirigirá contra blancos sustitutivos. Si, por otra parte, la precarización se comprende como efecto de desigualdades históricas, decisiones económicas, formas de explotación y jerarquías raciales, la indignación podría reorganizarse como conciencia crítica. La diferencia entre una dirección y otra se sitúa en las mediaciones simbólicas que vuelven emocionalmente aceptables ciertas interpretaciones.
Es preciso reconocer que el estilo de Jessé Souza tiende a la intervención pública, siendo menos neutral y más combativo. Esto puede incomodar a lectores que esperan una sociología desapasionada, aunque esa expectativa, en sí misma, merezca discusión. Su escritura tiene la virtud de hacer visibles relaciones de poder que el discurso liberal brasileño suele suavizar. Sin embargo, esa misma fuerza polémica puede producir generalizaciones rápidas, sobre todo cuando categorías complejas, como pueblo, élite, clase media, evangélicos o pobres, aparecen como bloques relativamente cohesionados. El desafío analítico consiste en preservar la contundencia crítica sin perder la heterogeneidad empírica de los sujetos investigados.
Sin duda, «O pobre de direita» ofrece una oportunidad relevante para pensar la democracia brasileña en su crisis actual. El texto sugiere que la extrema derecha se fortalece cuando consigue fagocitar el sufrimiento y el resentimiento del pobre, transformando esos afectos en identidad, obediencia y voto. En este escenario, la política funciona como una forma de administración simbólica de la humillación, resignificando el odio, el rencor y la frustración como identificación y pertenencia cultural. Quizá por ello la obra resulte incómoda para muchos, pues obliga al lector progresista a abandonar la explicación fácil según la cual el pobre conservador sería simplemente ignorante, alienado o manipulado. Existe manipulación, ciertamente, aunque solo se vuelve eficaz porque se apoya en experiencias reales de abandono, miedo, vergüenza y deseo de reconocimiento, así como en la voluntad activa del elector pobre de derechas de dar sentido a su vacío, a su abandono simbólico.
El mayor mérito del libro, a mi juicio, consiste en volver a situar la cuestión de la desigualdad en el plano de la subjetividad social, indicando que la lucha política brasileña también se decide en la forma en que los sujetos interpretan su propio dolor. La crítica que podría hacerse al autor reside, a su vez, en la necesidad de ampliar la escucha de las variaciones internas de este universo, evitando que la categoría «pobre de derechas» se vuelva más explicativa que demostrativa. Aun así, la obra cumple una función intelectual relevante y necesaria, obligándonos a pensar que la reconstrucción de la democracia, además de buenos indicadores económicos, programas sociales o campañas informativas, todo ello necesario, dependerá igualmente de una disputa profunda por la dignidad, el reconocimiento y la reconstrucción de la imaginación moral del país.
Nota
Referencias
HONNETH, Axel. Luta por reconhecimento: a gramática moral dos conflitos sociais. São Paulo: Editora 34, 2003.
SOUZA, Jessé. O pobre de direita: a vingança dos bastardos. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2024.
INSTITUTO HUMANITAS UNISINOS. “O pobre de direita: a vingança dos bastardos”: entrevista com Jessé Souza. São Leopoldo: IHU, 2024. Disponible en: https://ihu.unisinos.br. Consulta: 15 jun. 2026.
RECORD. O pobre de direita. Rio de Janeiro: Grupo Editorial Record, 2024. Disponible en: https://www.record.com.br. Consulta: 15 jun. 2026.
ULISSES, Iago Bezerra. O que constitui o pobre de direita? Centúrias, 2025. Disponible en: https://revistas.uece.br. Consulta: 15 jun. 2026.

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