Glaucio Aranha
Propongo aquí una lectura del cuento «O enforcado» («El ahorcado»), de Alberto Mussa, publicado en el libro Elegbara por la editorial Record. El autor recrea, en términos imaginarios, la invención de la feijoada y el universo simbólico de uno de los platos más representativos de Brasil. La acción se sitúa en una sesmaría de Campos dos Goitacazes, en el año 1627. Dos personajes destacan: el «Bugre» y la «cocinera».
El «Bugre» es un individuo presentado como extranjero en el lugar donde transcurre la acción («emigrado de los bosques de São Vicente»). Simbólicamente, podemos leerlo como una metáfora del colonizador, de quien llega de tierras lejanas y habla una lengua —elemento unificador de la cultura— diferente («solo hablaba la lengua general de la costa»). Es el encargado de aplicar la ley y también el árbitro, imponiendo un orden marcado por la crueldad y la psicopatía. Actúa exclusivamente por el deseo íntimo del capitán de los cazadores de esclavos fugitivos, sin atender a causas ni proporcionalidad: es una imagen del avance colonial que arrebataba tierras y masacraba a individuos y culturas, naciones, historias y relatos de los pueblos colonizados. Al mismo tiempo, su posición era legitimada por los demás colonos, pues representaba sus intereses y su ideología colonial esclavista.
En el otro extremo destaca la «cocinera». Es un personaje plano, descrito únicamente como una esclava fugitiva, pero fundamental por su función transformadora. No se presenta mediante una descripción, sino a través de su actuación: «empezó a cocer las patas, las orejas…»; «amasó el primer bocado de aquella mezcla…».
El encuentro entre las culturas ocurre cuando el Bugre prueba un plato que hasta entonces le resultaba repugnante e inexpugnable. Es un momento de «hechizo», de encantamiento, en el sentido de un instante en el que la realidad se repliega sobre sí misma y se transforma en algo inimaginado. La magia aparece como proceso de transformación de una realidad en otra. Esa transformación se manifiesta en las alteraciones de la conducta del Bugre: permite escapar a un indígena, empieza a interesarse por los restos de cerdo —«costumbre extraña y contraria a sus placeres»—, suscita sospechas de que forma parte de un grupo que ya no defiende el interés extranjero —«la noticia de que el Bugre integraba la banda»— y, por último, ofrece refugio a una esclava fugitiva. Esta es la gota que colma el vaso, pues a partir de ese momento deja de ser representante legítimo de la cultura colonialista.
El autor sitúa, así, el proceso alquímico de la gastronomía de la esclava en «la transmutación del desecho en delicia». Se produce allí una zona de traducción cultural —en el sentido de la semiótica de la cultura de Yuri Lotman—, es decir, un espacio transformador de conflicto simbólico.
La alquimia gastronómica convierte al extranjero, defensor firme de la cultura hegemónica, en otro sujeto, igualmente firme, pero que ya no pertenece a la dicotomía de lo blanco y lo negro: alguien a quien se podría llamar brasileño. Es un sujeto que, incluso muerto, ya no encaja en las polaridades anteriores y que transforma hasta el mar en marrón: «el mar tomó inmediatamente el color fangoso del río». Incluso su pérdida de identificación como sujeto —el cadáver—, transformado culturalmente, hace visible su conversión en síntesis dialéctica de una cultura nueva: «Y tal vez aquel llegara a ser el futuro matiz de todo el mar Océano».
La transformación potencial del mar en marrón puede interpretarse como la propia transformación simbólica de aquello que separaba a la nación colonizadora —al otro lado del mar— de la colonia. La nueva cultura, simbolizada en la naciente feijoada, legitima un rasgo singular de la colonia, que emerge como cultura propia y autónoma, capaz de transformar la nación en otra cosa e ir más allá del universo de expectativas coloniales.
Fuente: MUSSA, Alberto. O enforcado. En: Elegbara. Rio de Janeiro / São Paulo: Record, 2005.
Receta de feijoada

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