No me siento un barco ebrio, no desciendo por ríos impasibles, ni me arrojo al crujir de las mareas. Tampoco me gustan los lagos ni los pronósticos de lluvia: acontezco en el tiempo, caudaloso en el Hoy.
Dejo que aguas nuevas socaven mi casco. Quiero lo que brota del manantial, no lo que se des-agua por grav-edad. Evoluciono en la inacción: un barco wu wei.
A los quince años, asiduo a los velatorios. Ya no celebro a los muertos. Rechazo la corriente de los momentos idos. Compadezco a los descuidados, a los encallados en la memoria. No me tapo los oídos ni temo los cantos fatales.
Guardo con afecto a mis antepasados. Honro esa herencia y su protección, pero rechazo el culto a las brumas de las pitonisas: me concentro en las brasas del incienso, transformando lo estable en movimiento.
Desde la proa elevo el rostro impasible. Recibo en las fosas nasales la danza impermanente del viento, velas del Barco Wu Wei.
(«Barco Wu Wei», 24/07/2009. En: Aranha, Glaucio. A sensação de não estar no todo. Río de Janeiro: Ciências e Cognição, 2025.)

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