Intenté hablarte,
pero me atraganté
y cuando miré,
atardeció.
Te busqué…
Solo no lloré,
porque otro día
amaneció.
Entonces, sonreí
para que no lloviera.
Después corrí
para no pensar,
pero me cansé,
pensé en el mar
y así otro día
atardeció.
Arrojé mis ojos
sobre un altar,
pero veía tan bien
que desistí.
Aposté loterías
en el letrar
y hasta a la gallinita ciega
jugué.
En las primeras,
ni suerte,
ni pasión;
en las segundas,
ni gozo,
ni Amor.
Salté puntos suspensivos en los patios
y dejé que otro día se derritiera.
Mezclé mi crepúsculo con el anzuelo,
pero para el Sol maté todo cebo.
Ni intenté pescarlo.
Pura idiotez. ¡Ni pensarlo!
Decidí escribir
para amanecer
y me dormí
poco antes
de clarear.
[«Canções Urbanas — 9», Glaucio Aranha, 2016]


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