Hubo quienes no supieron cantar
y por ello acallaron voz y vendaval.
Acallaron la Vida.
¡Sí!
Y no besaron las bocas que deseaban,
ni abrazaron los cuerpos anhelados,
ni caminaron por la playa,
tampoco
—aunque muchos—
disfrutaron plenamente sus sonrisas.
¡Así fue!
Hubo quienes no supieron cantar
y, por eso,
cerraron ventanas,
cortaron la luz,
espantaron a los pájaros
y regalaron sus perros.
Fue porque no sabían cantar
que no cantaron.
Se quedaron allí,
masticando sus fantasmas y su silencio
en la sombra de cada gesto,
mientras
en la sombra de cada gesto
sus sueños camuflados de caatinga
susurraban aquello
que unos buenos oídos
llamarían «canciones».
[«Canções Urbanas — Preámbulo», Glaucio Aranha, 2016]


Deixe um comentário