Me siento cansado
de esa Luz vacilante
que me salta a raudales.
Color de todas las flores del mundo.
Color de corona de flores.
¿Seré póstumo
sin saberlo?
Y al decirlo
—terrible—
¿no estaré tomando conciencia?
¿Y qué ciencia se ocupa de mí?
No la antropología,
pues una vez fantasma,
la ciencia de lo humano
no me besa ni abraza.
El destino de los fantasmas
es huir del olvido.
«Oblivium»:
palabra definitivamente acogedora.
Me ocupo de velar la casa
en el silencio de la madrugada;
de velar el sueño de quienes amo.
Con una vela encendida,
el portaminas dorado,
me anclo en la historia de la casa.
Ningún Dios ni ninguno de mis Yoes
me soportan.
En la Red, los peces son atrapados;
impulsos eléctricos levantan nuevas catedrales.
Echo de menos a mi madre.
Una de las ausencias que más me conmueven.
Llamada perdida con la madriguera-mater.
Como una bestia exiliada de su refugio
agito los ojos a mi alrededor.
Desposeído.
¡Que venza el más fuerte!
Soy, sin embargo, capaz de soportar
todas las verdades del mundo.
¿Seré yo el valor del Loco?
¿Seré yo loco?
¿Seré Yo?
¿Yo o yoes?
D’ioses: asamblea de mí.
¿Qué soy —si soy— entonces?
¿Aglomerado de instintos, carbonos e hidrógenos?
—¡VOY A TRAGARME LAS ESTRELLAS DEL MUNDO!
¡LAS ESTRELLAS DEL MUNDO CON OJOS DE LUZ!
¡LA ELECTRICIDAD DE LAS HORAS ME INVADE!
Así grité, y el demonio entró por la puerta
sin sorprenderme.
Durante tantos años, Dios había entrado por la ventana.
—Estrella de la Mañana, declino tu beso,
pues hace tiempo soy adversario de mí mismo.
No soporto la redundancia.
¡Vete! Entrega a Dios este pañal y este alfiler;
estas vergüenzas;
este pudor;
este nudo.
Prefiero estar desnudo
a estar junto a los portones dorados.
Sello mis portones frente al sentido común.
Me reverencio a mí mismo.
La Estrella de la Mañana sonrió al alba.
—¡Vete! No me necesitas.
Y todos tus hijos serán fieles y bendecidos,
y todos tus hijos serán redimidos y perdonados,
pues son exactamente lo que deben ser en la balanza.
En cuanto a mí, «oblivium».
Palabra dulce que anuncia el final del día.
[«Oblivium: poema hermético», Glaucio Aranha]


Deixe um comentário