Es cuestión de saber llegar
del mismo modo que llega la muerte.
Después, entonces, es redecorar
con tono de tedio tus sentimientos.
Un poco más allá, es preparar
ungüentos para las heridas de la casa.
Ser constructor sobre una vieja base.
Llenar chozas de fe e incienso.
Mirar al azar, fingiendo siempre
esperar algo de la puerta silenciosa.
Escribir versos dodecasílabos
convenciéndose de que no tiene prisa.
[“Es cuestión de saber llegar”, Glaucio Aranha]


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