Vengo gozando
de una alegría tal
que me enmudece
a mí y a la pluma.
Acostumbrado a llenar
el vacío con letras,
no sé muy bien
dónde ponerlas ahora.
Acostumbrado a pensar
en el sufrimiento,
ahora no sé escribir,
pues no pienso sobre el pensamiento:
lo saboreo, lo siento y nada más.
Y si estoy solo,
saboreo la soledad.
Si hay silencio,
empapo mis oídos
en este sueño de sonidos.
Si hay ruido,
me deleito con sus matices.
Y entonces
ya no
sucumbía al dualismo.
Y si estaba allí,
estaba en todas partes.
Si no estaba,
era porque nunca me había alejado.
Estaba tan enredado en alegría
que dejé que el cielo se endureciera de colores
y llovieran sensaciones
que lavaron todas mis letras.
[“Sono de letras”, Glaucio Aranha, 23/01/2002]


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