Erré por no haber querido lo simple, sino lo intenso;
y de pronto hasta los inciensos-adjetivos se fueron —
incandescencia desvanecida.
Agradezco que no haya tenido un final,
haber simplemente terminado,
— y cuando lo advertimos ya no nos veíamos.
Así, ni el tiempo albergará la caída.
Solo quedó
esta deformidad que orienta los versos:
este enfermo occidental.
Voy escribiendo y erosionando…
Voy construyendo castillos de cenizas
con mazmorras que aprisionan el éter,
pero hace falta tener algo de vida dentro para que algo se derrame:
una sonrisa, una mirada, un suspiro.
Sin final, se fue como un despertar
seguido por el sueño que se apaga
y por el viento que no llegó.
No quise lo sencillo
y hoy, sencillamente,
tengo el viento tibio del verano sobre el cuerpo.
[“Cataviento”, Glaucio Aranha]


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