Glaucio Aranha
La modificación de las estructuras cognitivas es un tema poco explorado en las discusiones sobre la enseñanza, especialmente en el ámbito de la educación en salud. El cambio cognitivo, en particular, requiere tiempo, esfuerzo y estrategias bien definidas, y suele ir acompañado de desafíos importantes, como la superación de barreras cognitivas y emocionales. La creencia de que las estructuras de pensamiento son inmutables viene siendo cuestionada gradualmente por experiencias prácticas que demuestran lo contrario. Sin embargo, la modificabilidad cognitiva es un proceso que conlleva riesgos inherentes, como la posibilidad de cometer errores, fracasar y experimentar una sensación de extrañeza ante lo nuevo.
Más que una posibilidad teórica, el cambio de los paradigmas cognitivos de una persona es una realidad alcanzable, siempre que exista una disposición genuina y un esfuerzo continuado por parte de quienes participan en el proceso. Durante este recorrido suelen surgir barreras importantes de naturaleza física, sensorial, mental, cultural o emocional. Estas barreras, que con frecuencia parecen insuperables, pueden abordarse mediante estrategias adecuadas. Por ejemplo, las limitaciones sensoriales y físicas pueden mitigarse mediante tecnologías de apoyo, mientras que las privaciones culturales y emocionales requieren intervenciones más personalizadas, como el acompañamiento psicológico y la inclusión de contextos culturales pertinentes en la enseñanza y el aprendizaje. Feuerstein, Feuerstein y Falik (2014) destacan que incluso la edad avanzada, considerada a menudo una barrera insalvable para el aprendizaje, puede abordarse mediante una aplicación adecuada de las estrategias de modificabilidad cognitiva.
Mediación para la diversidad humana: transformación de la estructura de aprendizaje y del comportamiento
La mediación en el aprendizaje, especialmente en contextos de diversidad humana, desempeña un papel importante en la transformación de la estructura cognitiva y del comportamiento. El cambio estructural promovido por esta mediación no es superficial; al contrario, afecta profundamente al aprendizaje y al comportamiento, haciéndolos sostenibles y capaces de mantenerse por sí mismos. Según Feuerstein, Feuerstein y Falik (2014), el cambio esperado debe ser real, consciente y resistente a las variaciones del entorno. Además, debe ser lo suficientemente flexible como para permitir futuras adaptaciones, lo que demostraría una transformación permanente y positiva en la persona.
La inteligencia, en este contexto de modificabilidad cognitiva, no puede entenderse como una entidad fija o inmutable. Por el contrario, se adapta y responde a las exigencias del entorno y a las necesidades emocionales y cognitivas del individuo. Esto significa que no debe medirse únicamente en términos estáticos, sino comprenderse como un proceso dinámico, adaptable y sujeto a cambios a lo largo de la vida. Nuevas investigaciones respaldan esta perspectiva al mostrar que la interacción sociocultural es un poderoso instrumento para promover la modificabilidad estructural, sobre todo cuando el aprendizaje se media de manera eficaz.
En el aprendizaje mediado, la persona que ejerce la mediación desempeña un papel central al introducir un nuevo elemento en el proceso educativo. Al actuar como intermediaria entre el estudiante y el estímulo, facilita la comprensión y la interiorización de nuevas informaciones, favoreciendo la modificabilidad estructural buscada. Por ejemplo, cuando el estudiante tiene dificultades para comprender conceptos abstractos, el mediador puede recontextualizar el estímulo utilizando ejemplos concretos y referencias culturales familiares, de modo que el aprendizaje resulte más accesible y significativo. Feuerstein, Feuerstein y Falik (2014) subrayan que el mediador transforma experiencias sin elaborar en conocimiento estructurado, clasificando, configurando y adaptando el estímulo antes de presentarlo al estudiante.
La interacción directa de una persona con un estímulo no garantiza, por sí sola, un beneficio cognitivo. Sin embargo, cuando esa interacción es mediada, se organiza aquello que podría percibirse como caótico o aleatorio, facilitando el descubrimiento de asociaciones y promoviendo la reflexión sobre el contexto en el que se encuentran los estímulos. De este modo, la mediación aumenta considerablemente las posibilidades de que la persona obtenga beneficios reales de su exposición al estímulo, transformando la experiencia en aprendizaje significativo.
La mediación no es un proceso fijo ni está limitado a un método único: es flexible y se adapta a las necesidades del estudiante y a las estrategias del mediador. Este último debe estar preparado para modificar los estímulos cuando sea necesario y ajustar sus enfoques para que el estudiante pueda diversificar sus futuras acciones y reacciones. Este aspecto también es importante para mantener una modificabilidad cognitiva duradera. Además, el estudiante necesita estar motivado emocionalmente para buscar significado en su aprendizaje, lo que le permitirá afrontar transiciones y desafíos futuros con resiliencia y capacidad de adaptación.
Entre los demás aspectos de la mediación que merecen destacarse se encuentran el desarrollo del sentido de competencia, la capacidad de autorregulación del comportamiento y la necesidad de individualización y diferenciación psicológica. Estas competencias son fundamentales para que la persona que recibe la mediación desarrolle una conciencia más profunda de su capacidad de cambio cognitivo y pueda integrar y aplicar lo aprendido en diferentes contextos culturales y sociales.
Cuando se identifican deficiencias en las funciones cognitivas necesarias para la mediación, resulta esencial dirigir los esfuerzos hacia su modificación. Existen intervenciones específicas para mejorar la percepción focalizada, la constancia y la capacidad de relacionar múltiples fuentes de información. Dificultades como la comunicación egocéntrica y las respuestas impulsivas pueden abordarse para facilitar cambios en la fase central de la actividad mental, donde se realizan operaciones cognitivas más complejas, como la resolución de problemas y la planificación.
La importancia de la evaluación cognitiva dinámica
La evaluación cognitiva, según Feuerstein, Feuerstein y Falik (2014), no debería ser estática, pues así no logra captar la verdadera capacidad de cambio del individuo. La evaluación dinámica surge como un enfoque innovador que permite observar las capacidades cognitivas antes y después de una intervención mediadora. Esta perspectiva no solo revela lo que una persona sabe en un momento determinado, sino también lo que puede alcanzar mediante una mediación eficaz. El método pone de manifiesto su potencial cognitivo y contribuye a promover cambios estructurales duraderos y transformadores en su capacidad de aprender y adaptarse.
Creer en la modificabilidad cognitiva es el primer paso para el éxito del aprendizaje mediado. Este enfoque ofrece beneficios documentados en diversos estudios, entre ellos la corrección de funciones cognitivas deficientes, la mejora de las operaciones básicas del pensamiento y la consolidación de hábitos de pensamiento. El aprendizaje mediado defendido por Feuerstein resulta especialmente relevante para la educación en salud, donde la intervención temprana puede prevenir o mitigar las dificultades de aprendizaje y constituye una estrategia preventiva potencialmente valiosa.
Feuerstein, R., Feuerstein, R. S., & Falik, L. H. (2014). Beyond Smarter: Mediated Learning and the Brain’s Capacity for Change. Teachers College Press.

Deixe um comentário